Huellas de otros escritores

Esta página, dentro del blog, será para compartir con los cibernautas reseñas de libros de otros autores. Ellos forman parte, como yo, de la Red Social Falsaria 
   Se inaugura hoy este espacio a partir del cual intento colaborar con otros autores, y la red, como tantos otros cibernautas, otras personas, escritores y lectores, que me permiten difundir mis textos. De lo anterior doy cuenta en la página de este mismo blog: Nuevos caminos de mis huellas
      Con frecuencia semanal irán apareciendo estos comentarios. 
   "Las reseñas son, en todo su contenido, responsabilidad de la Red Social Falsaria". 

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La Puerta, de Ernesto Cobo García


La literatura de terror nunca fue el género preferido de los escritores españoles, algo que, por suerte para os amantes de la literatura de terror (en sus distintas vertientes: terror-ciencia-ficción, terror-thriller, terror-sobrenatural, etc.) ha ido cambiando progresivamente con nuevas generaciones de escritores hispano-parlantes que aderezaron el clásico género de H. P.Lovecraft o Stephen King con imágenes e idiosincrasias propias. La conclusión es un sincretismo literario
 que eleva a una nueva categoría la literatura creada en el mundo latino.
  De este crecimiento y esfuerzo por conseguir difusión y masividad, nace el Nocte, una suerte de Asociación Española de Escritores de Terror, conformada por grandes talentos como Víctor Conde, Emilio Bueso y, por fuera y de modo más reciente, escritores como Javier Haro Herraiz.
 En este grupo es imprescindible sumar un nuevo escritor perteneciente a la misma «generación del terror», cuya novela, La puerta, valga la redundancia, ha entrado por La puerta grande de la literatura de terror rompiendo todos los esquemas esperables del género. Su nombre es Ernesto Cobo García y, pese a ser su primera novela, habrá que tomarlo en serio.
 Ante todo, La puerta, es una novela contundente, edificada a través de la voz de la periodista Joanna Leire —muy creíble—, una suerte de «narradora presencial» que guía al lector y lo sumerge en una historia sólida, bien estructurada, cuyo final está a la altura de la intriga que generan sus 432 páginas.
 Es un acierto del escritor dotar a la historia de una suerte de subtrama, en clave thriller, que eleva el clima de terror psicológico con acertados cliffhangers, que hacen imposible dejarla de leer.
 En el comienzo, la aparición de los cuerpos sin vida de una misma familia crea en los habitantes de una pequeña ciudad una reacción inusual, hipnótica y de la que nadie guardará recuerdo alguno. En este sentido será, justamente, la periodista Joanna Leire la encargada de cubrir la noticia y, tras revivir gracias a una grabación de vídeo los sucesos acaecidos aquella noche, iniciará una investigación que la conducirá a un misterio cuyo desenlace se antojará cada vez más oscuro.
 Tan sólo una persona, Marcos, es consciente de los sucesos acaecidos y, presa de terribles pesadillas, sufrirá una siniestra transformación que lo llevará a convertirse en la pieza clave de un macabro plan. Un plan que atrapará a todos los personajes, uniéndolos a través de un hilo invisible y cuyas terroríficas secuelas serán irreversibles.
 Para los amantes de la —buena— literatura de terror, La puerta, de Ernesto Cobo García, se antoja como imprescindible, un hallazgo a la altura de los grandes clásicos del género.

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Después de la tormenta, de David Bailón
La Editorial Falsaria, en su breve tiempo de vida, ha puesto más de 10 títulos en el mercado dando a conocer, en general, primeras obras de autores de gran talento.
A mediado de diciembre de 2013 sale a la luz Después de la tormenta, del joven escritor malagueño David Bailón siendo aceptada por la crítica y el público en general.
En este sentido, Bailón interpela al lector a través de una pregunta: ¿Qué ocurriría si, en uno de esos mundos posibles, se nos plantease otro resultado distinto al conflicto bélico más importante que asoló España durante la primera mitad del siglo XX? Responder ese interrogante, con la mayor naturalidad y muy buen resultado, es lo que intenta develar Después de la tormenta.
En un tiempo indeterminado tras la contienda, son los republicanos quienes ganaron la guerra y quienes imponen sus normas. Y David Bailón presenta esta nueva realidad de una forma coherente y bien construida y dejando que sea la propia historia la que fluya.
La acción, que transcurre en una pequeña población andaluza, está cargada de la atmósfera, las maneras y los personajes que conducirán al lector por el ambiente de la época.

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Historia Estúpida de la Literatura, Enrique Gallud

 “Luego de un breve repaso por el historial de reseñas publicadas, comprendo que no hemos recomendado ninguno es un libro de humor. Y eso está mal y la mejor forma de subsanarlo es leyendo Historia estúpida de la literatura, de Enrique Gallud Jardiel.  Humor con mayúsculas. De modo que, como comprenderá el exquisito lector, comenzar a reseñar Historia estúpida de la literatura es algo que disfruté enormemente, tanto o más de lo que disfruté leyéndolo.

Un dato a tener en cuenta: aquel fantástico escritor de principios del siglo XX, una de esas joyas de la literatura española llamado Enrique Jardiel Poncela dejó descendencia y una de esas líneas del ADN, cargada de talento, humor y erudición, fue a parar hasta su nieto Enrique Gallud Jardiel, un tipo que leyó tanto que un día comprendió que si uno es capaz de leer gran parte de la Literatura Universal termina muerto de risa.
Es decir, se tomó la literatura muy en serio (publicó más de treinta libros, es Doctor en Filología Hispánica Cum Laudem, dio clases en la Universidad Jawaharlal Nehru de la India donde, por otro lado, ha vivido y es, como si fuera poco, especialista en indología, imparte talleres de interpretación, ha dirigido tesis…). Con este inconmensurable currículo, Enrique Gallud Jardiel termina escribiendo un libro cuyo nombre, Historia estúpida de la literatura no es más que una heterogénea recopilación de artículos y poemas de índole burlesca sobre literatura, sobre la Gran Literatura.
Formado por múltiples géneros cómicos, versos imitativos, falsas reseñas de libros, textos apócrifos, parodias teatrales, burla de las técnicas de los talleres de escritura y otras muchos estilos sorprendentes, Historia estúpida de la literatura es una chifladura absolutamente genial.”


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 LUNA APOGEO, de Rubén Azorín
Raymond Chandler decía, al final de su carrera, que las características generales que determinan las claves de toda novela policiaca podían (y debían) aplicarse a cualquier género narrativo, esto es: tensión narrativa, suspenso, correcto sistema de la verdad-veracidad, etc. Desconocemos si Rubén Azorín ha leído El largo adiós pero lo que sí sabemos es que su novela, LUNA: Apogeo, es una excelente pieza de Ciencia Ficción que puede leerse, sin embargo, en clave de thriller. Lo cual nos atrapa hasta el final.
Trabajada minuciosamente, LUNA: Apogeo es un puzzle milimétrico, uno de esos libros que para leerlos hay que abstraerse del mundo y, con boli en mano, dejarse llevar por cada detalle y por cada punto de información como si fuera el último. No sobra absolutamente nada.
En ese sentido, LUNA: Apogeo es la historia de un grupo de científicos, agrupados en el Proyecto de Medición Lunar Láser que, al margen de los Gobiernos, tratan de anticiparse y combatir una inminente catástrofe. Pero, al respecto, el lector no es una pieza decorativa a lo largo de las páginas, Rubén Azorín, nos obliga a recorrer el libro en sentido inverso, es decir: la historia va desde el lector (testigo omnisciente) hacia la trama y, en realidad, ambos componen la historia.
Despojada por completo de cacharros y artilugios facilistas de guerras cibernéticas, replicantes o cafeteras parlanchinas, LUNA: Apogeo se centra en el carácter científico de un futuro no tan remoto, cuyas piezas de ese escenario son veraces (diría Chandler) y hasta empíricas.
Tal y como manifestó el mismo escritor, [en LUNA: Apogeo] "he querido huir de lo fantástico y convertir la novela en algo real, en algo creíble. En ciencia ficción realista, como nos atrapaban los grandes clásicos. Está ambientada en un futuro cercano. [...] y a lo largo de su recorrido la novela reta al lector a distinguir la realidad de la ficción y a juzgar si las cosas son como nos las habían contado".
De este modo, con una erudición poco común en la literatura actual, la novela prescinde de todo artificio para hundirse en una trama sólida, entretenida y atrapante. No hay engaños, ni dilación, en LUNA: Apogeo: te sumerges en uno de esos libros que no quieres terminar. 


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CANALIZADORES, de Guillermo Garrido


Hace tiempo que en este espacio no dedicamos algunas líneas a la poesía y, avisados los amantes del género, llegó el momento. En el caso de hoy hablaremos de Canalizadores, de Guillermo Garrido, el joven escritor gallego del que tanto se habla en los corrillos literarios.

A tal caso, antes de entrar de lleno en la obra, cabe preguntarnos si no hay en España un pequeño y módico boom de la poesía encabezada por creadores jóvenes y talentosos (véase Luna Miguel y la generación JotDown que, sin duda, también encabeza Garrido).

Canalizadores es una compilación de poemas muy personales que, en boca del escritor, es una “búsqueda implícita de la imagen perfecta del poema, deconstruyendo, para ello, su lírica partiendo desde formas casi clásicas y estáticas”. Lo cual, más alla del formalismo, no es errado.

Es genuina la búsqueda que hace Garrido de una elegancia y perfección formal dentro de un esquema de imágenes superpuestas que remiten, sin embargo, a la sencillez fluida del lenguaje y por otro lado la completa misión de transmitir los sentimientos más profundos. Es, por tanto, imposible no relacionar la métrica (en sentido clásico del término) con un aporte moderno (diríamos, generacional). A la búsqueda simbólica de las imágenes, Garrido aporta una relación más libre con la forma: deudor de una generación nacida al calor del fotolog, blog, Twitter o Facebook, Canalizadores, como un puzle de fotos que se descargan, ofrece al lector imágenes reconocibles. Imágenes potentes, como fotos que pasan a una velocidad digital pero sin perder el sentido último de la captura: dejarnos llevar por postales a espacios donde sentirnos identificados.

En este sentido, la obra de Garrido es claramente vanguardista: frases cortas, contundentes, desestimación del barroquismo, poemas que pueden recitarse en un escenario o ponerle música. Es, por decirlo de alguna manera, una poesía muy narrativa.


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Invierno humano, de Kiko Labiano




Recientemente publicado, Invierno humano es un libro que cubre todas las expectativas de los amantes del género narrativo extremos. Adaptado a un supuesto apocalipsis terminal, el libro se desarrolla con maestría a través de los pormenores que su protagonista, Myka, deberá afrontar para sobrevivir en un mundo que se ha helado.
Con reminiscencias del mejor Cormac McCarthy, Invierno humano es un experimento completamente exitoso. Su autor, Kiko Labiano (España), aún a riesgo de introducirse en una sintonía que, por sus sensaciones extremas y marginales, puede quedarse corta o, por el contrario, perderse en el relato de la simple brutalidad, sale airoso, conduciendo al lector a través de una tensión narrativa que no da lugar al respiro. Tal y como corresponde a toda novela apocalíptica.
Partiendo de preguntas rompedoras que giran en torno al mismo interrogante, es decir: ¿Matarías por un trozo de carne? ¿Y por salvar a tus seres más queridos?, Invierno humano se desarrolla en un mundo apocalíptico devastado por el hambre, la soledad y rodeado de un bosque milenario, donde el joven Myka tratará de sobrevivir al tiempo que luchará para recuperar a su familia cautiva.
En este sentido, Invierno humano funciona como un torrente de sucesos increíbles que nos hará comprender que en esta tierra ya no hay sitio para la bondad, puesto que los límites de la sensibilidad humana, aquello que nos caracteriza, desaparecen cuando la propia supervivencia está en juego.
Invierno humano es un buen libro, que cumple con creces todos los preceptos de la literatura apocalíptica, esto es: dureza, intensidad, originalidad y conflicto. Una novela que no dejará a ningún lector indiferente.

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 JARDIEL. LA RISA INTELIGENTE, de Enrique Gallud Jardiel


“Una de las cosas más innegablemente placenteras es descubrir o asomarse a la vida del otro y si ese otro es uno de los grandes escritores españoles del siglo XX, capaz de arrancarte una carcajada y una lágrima al mismo tiempo, el morbo se convierte en arte.
No es precisamente eso lo que busca Enrique Gallud Jardiel con la publicación de Jardiel. La risa inteligente, una nueva, pero más completa, aproximación de la vida del escritor cómico Jardiel Poncela.
Naturalmente, no es lo primero que se escribe sobre Jardiel Poncela (ni será lo último) pero sí es cierto que hay algo fundacional en este libro difícil de catalogar, un antes y un después en la vida del controvertido, multifacético y talentoso escritor madrileño. En Jardiel. La risa inteligente (Editorial Doce Robles), Enrique Gallud no se propone una mera biografía, una hipérbole de su obra y de su figura, sino que va más allá: ha llenado, curiosamente, la obra con una gran cantidad de citas originales del propio Jardiel, que funcionan como una especie de antología post mortem de Jardiel, muy amena y divertida.
Leer Jardiel. La risa inteligente es como leer a Jardiel, redescubrirlo con su propia voz, en este, nuestro tiempo, en que la risa también es enormemente necesaria.
Para ser profesionales, deberíamos decir que Jardiel. La risa inteligente es, en términos más o menos estrictos, un ensayo que recoge los detalles menos conocidos de la vida de Jardiel (y su de su obra) pero ―me atrevo― esa información funciona casi como un disparador para detenerse, como si fueran estaciones de paso, en esos trabajos que iluminaron la tristeza de su época. En este sentido ―y aunque su autor no se anime a tanto― Jardiel siempre ha funcionado como la consciencia risueña de una España color ala de mosca, que avanzó hacia el futuro arrastrando algunas de las características más conservadores de una sociedad cerrada a los cambios. Jardiel, repito, fue la luz de esa sociedad, la contracara, el blanco sobre el gris, un hombre que, hasta el último momento de su vida, fue golpeado por la vida y ni siquiera entonces perdió su lucidez.
Puedo ―y tal vez deba― decir muchas cosas de Jardiel. La risa inteligente y sin embargo, simplemente festejo, casi como una declaración de principios, que el autor haya rescatado el espíritu íntegro de su abuelo, que Jardiel. La risa inteligente sea una itinerante prolongación de historias, anécdotas, citas y análisis literarios ―brillantes― que logran rememorar el talento y la humanidad del Gran Jardiel de tal manera que el lector se siente levitar, involuntariamente, con una sonrisa en los labios.
Por supuesto que hay más, mucho más. El libro también retoma otros aspectos menos difundidos, como sus muchas y variadas aportaciones al cine, el drama, la novela, etc.

Por último, se me ocurre que la presentación de este libro, lejos de ser una charla entre el escritor y sus lectores, debería ser una fiesta entre amigos, con tarta, alcohol y en el centro de la escena, se celebre, no solo la inmensa figura de Jardiel Poncela, sino la de su nieto y la del editor de Jardiel. La risa inteligente que, pese al humo de tanta mediocridad literaria, se siguen empeñando en hacer de este país un lugar hermoso.”
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El surco es el alma del vinilo de Rafael Orihuel


El surco es el alma del vinilo
Editorial: Ediciones Oblicuas

206 Pág.15 x 21.6 cm


La música es el idioma universal por excelencia, es el medio de comunicación a través de los sonidos, y como todo idioma se lee, se escribe y se habla. La historia de la literatura está plagada de libros sobre música y la música, invariablemente, se nutre de historias y de poesías, lo cual, inconscientemente, sitúa a cada disciplina en espacios distintos: se escribe de o para la música desde un ámbito de creación concreto.
Sin embargo, son pocos quienes atraviesan ese determinismo y son capaces de situar a ambas disciplinas en un mismo plano de creación: escribo con música y esa relación dialéctica determina mi forma de escritura, algo así como un artefacto que funciona como una máquina de producir sensaciones diversas. Para que Ud. entienda de lo que estoy hablando, realice el siguiente experimento: observe detenidamente y en silencio una foto de su infancia y a continuación (deje pasar dos horas) haga lo mismo pero con un disco de Ala Voronkova interpretando a Chaikovski sonando de fondo: el efecto de la foto se potenciará y junto al recuerdo experimentará, tal vez, felicidad, nostalgia, tristeza o alegría o todas esas sensaciones al mismo tiempo. Sí, no es nuevo: la música es un potenciador increíble.
Lo que sí es nuevo, o cuanto menos imposible, es escribir con tinta de música, es decir que cada línea de cada historia rezuma el ritmo y la precisión de un acorde y que además, ese acorde, nos meta en la cabeza a Dylan, a los Rolling Stones, a Rapahel, a King Crimson y a tantos más. Eso es exactamente lo que se experimenta al leer El surco es el alma del vinilo del experimentado y multipremiado Rafael Orihuel, un prodigio de la literatura que se sucede a lo largo de cada uno de los siete cuentos del libro.
El surco es el alma del vinilo es, como dije, una colección de relatos pero a la vez un homenaje al disco de vinilo, y a esa forma de la memoria que representa la música. Tal es así que los textos se organizan como en un LP: siete narraciones en total, cuatro en la cara A y tres en la B. Y en este sentido, cada cuento alude a una canción en concreto, de forma que la música actúa transversalmente, como un soplo en el oído a través de las historias que aparecen enmarcadas en distintas formas y ámbitos: en vivo sobre un escenario, escuchada a través de los auriculares por una enfermera en la sala de urgencias de un hospital mientras agoniza una estrella del rock olvidada; hurgando en la memoria al toparse en una encantadora librería inglesa con el batería de los Stones adquiriendo un libro de floricultura; atronando a altas horas de la madrugada desde el piso de arriba donde intentan tranquilizar con Raphael a un niño deficiente; transitando entre el lento y el rápido en una pista de baile, sonando solemne y cadenciosa en una ceremonia fúnebre; susurrando emociones y planteando preguntas vitales.
Las siete historias componen un crisol permanente, un eco de silencio en medio del grito y la música, puesto que, de alguna forma, todos las historias hablan de las distintas formas de soledad que son una y siempre están, aunque nos esforcemos, en el centro de nuestra cabeza para recordarnos que la música es la mejor compañía del hombre. Lo dicho: una máquina perfecta destinada a convertirse en un clásico que como aquella foto de nuestra infancia es capaz de movilizarnos profundamente, mientras suena un vinillo olvidado al compás de una historia llena de música.

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‘Días para morir en el paraíso’, de Jaime Molina García


Como todo lo que rodea a Jaime Molina García genera revuelo, la publicación de su última y séptima novela, de factoría profesional, Días para morir en el paraíso, no fue menos. Luego de la publicación de La Fundación 2.1 y su evidente irrupción en el mercado editorial español, Jaime repite la fórmula que lo ha llevado a convertirse en uno de los escritores con mayores recursos del panorama actual.
Días para morir en el paraíso, aunque de manera más imprecisa, vuelve a escenarios distópicos y futuros inciertos, normalmente carcomidos por la dudosa moral de una especie humana que se empeña en la autodestrucción. Sin embargo, aquí termina toda similitud con su anterior novela, puesto que, si se quiere, Días para morir en el paraíso alcanza una madurez superior, tanto en la historia como en la complejidad temática, una obra de ciencia ficción mucho más definida y elaborada, desde el comienzo, como un thriller oscuro: señal inequívoca que llevan las grandes obras del género.
Días para morir en el paraíso se sitúa en un mundo-futuro contaminado en el que los habitantes deben pagar por el aire, como hoy se paga por el agua, para sobrevivir. Naturalmente, ese mundo de nombre Antagón, está controlado por una corporación que ostenta el monopolio del aire, encarnada por el magnate Volpi, que su muerte ha levantado una tormenta de suspicacias. A partir de allí, la historia va in crescendo y se lee con agilidad y ansiedad.
El agente Vidal —un antihéroe con miserias y bajezas— es reclutado por el poderoso Ministerio de Información con el fin de desentrañar pequeños casos sin importancia, pero la soledad y el aburrimiento lo llevarán por caminos vedados a personas de baja estopa, hasta toparse con un antiguo archivo que le señala una pista que no podrá dejar escapar: posiblemente el multimillonario Volpi siga vivo y esté preparando su próxima jugada. Para localizarlo, Vidal deberá seguir las pistas que dejaron Renian, su predecesor en el cargo y Antera, una ecoactivista que en el pasado fue confidente y amante de Renian.
Como en el viaje de autoconciencia que emprende Ulises, también Vidal descubrirá que todo cuanto creía está construido sobre una mentira y que para conocer la verdad tendrá que estar dispuesto pagar un precio muy alto. Erigida sobre todos los ingredientes que hacen a la ciencia ficción un género fascinante —intriga, imaginación, originalidad, redención—, Días para morir en el paraíso se destaca por su buena factura, una obra para recomendar y guardar a Jaime Molina García en el rincón de autores preferidos.
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